sábado, 24 de noviembre de 2007

Para que nos sirven

Los fósiles son importantes por la información que brindan. Por ejemplo, permiten reconstruir ecosistemas y conocer condiciones climáticas del pasado. Los restos de organismos que viven desde hace miles de años o que están emparentados cercanamente con formas actuales pueden ser útiles como indicadores paleoambientales. Así, el hallazgo de huesos de un roedor conocido comúnmente como rata colorada, de hábitos acuáticos, es indicador de un clima húmedo y de la presencia de un cuerpo de agua dulce, mientras que el hallazgo de restos de guanaco indican un clima árido a semiárido.
Los fósiles también permiten hacer reconstrucciones paleogeográficas. La distribución de las masas continentales cambia lentamente si se tienen en cuenta tiempos medidos en décadas o en siglos. Pero estos cambios son importantes cuando se consideran millones de años. Hace unos 250 millones de años había un solo continente en el planeta, al que se conoce como Pangea. Unos 180 millones de años atrás Pangea comenzó a fragmentarse y 40 millones de años después quedaba dividida en dos grandes continentes: Laurasia al norte, incluyendo a América del Norte y Eurasia, y Gondwana al sur. De esta manera, la futura América del Sur formaba parte de Gondwana. Al norte estaba conectada con lo que más tarde sería África, y por el sur con lo que serían Antártida, Australia, Nueva Zelanda y las islas adyacentes. El hallazgo de un diente de un ornitorrinco, un animal típico de Oceanía, en sedimentos de 63 millones de años de la Patagonia es una confirmación de la existencia de esta antigua conexión de América del Sur con Australia a través de la Antártida.
Gracias a los fósiles es posible reconstruir la historia de la vida en el planeta. Así, los sucesivos hallazgos de restos fósiles permitieron conocer el origen de muchos grupos de animales y plantas que viven actualmente. Muchas veces estos estudios, a los que se denominan filogenéticos, se complementan con el análisis del material genético y de proteínas de especies actuales -la técnica es la misma que se usa para establecer parentescos entre personas-. Así, procediendo de esta forma, se demostró que los cetáceos -ballenas, cachalotes y delfines- descienden de animales terrestres que vivieron hace unos 55 millones de años y que están emparentados con los rumiantes -como las vacas- y con los hipopótamos.
El estudio anatómico de los fósiles muchas veces permiten inferir cuales fueron sus características y formas de vida. Este tipo de estudios generalmente se realiza comparando al organismo en estudio con formas que viven en la actualidad. Por ejemplo el corrimiento hacia arriba de las fosas nasales es característico de mamíferos con trompa. En la macrauquenia, un mamífero fósil muy frecuente en la provincia de Buenos Aires, las fosas nasales están ubicadas entre las órbitas oculares. Por esta razón se supone que este animal poseía una trompa similar a los tapires actuales.
Ciertos fósiles permiten conocer la edad de los sedimentos que los contienen. Por ejemplo, el hallazgo de restos de un animal extinguido conocido como mesoterio permite saber que los sedimentos portadores pertenecen a la llamada Edad Ensenadense, que se extendió desde hace unos 1,8 millones hasta hace unos 500 mil años.